El hombre mata lo que ama

El hombre mata lo que ama

¡qué nadie lo dude!

Unos lo hacen con una mirada vacía;

otros, con caricias de mentira.

Los cobardes, con la falsa cordialidad;

los valientes, con la verdad.

Algunos hombres matan el amor nada más empezar;

Otros lo hacen más tarde, sin aviso y a tracción.

Los hombres que se creen libres matan por miedo.

Los hombres rotos dejan que se encarguen los fantasmas del pasado.

Algunos hombres aseguran amar intensamente por un tiempo,

Después lo olvidan.

Unos pocos, defienden el amor para siempre

Pero a menudo confunden las sábanas.

Todos los hombres quieren ser amados

Pero pocos entienden que eso es avaricia.

Todos los hombres anhelan el amor;

Éste se esconde porque sabe lo que va a pasar:

Todos los hombres matan lo que aman, ¡qué nadie lo olvide!

Jose Cuadrado

 

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Oscar Wilde fue acusado en 1885 de sodomía y encarcelado por ello tras un ‘justo’ juicio en la prisión de Reading. Es decir, que fue señalado, estigmatizado y castigado por practicar la penetración anal. Curiosamente, hoy en día los británicos experimentan con su sexualidad con muchos menos tapujos y prejuicios. Hasta el punto en el que las mujeres disfrutan penetrando a sus maridos con arneses acabados en punta.

En todo caso, Wilde fue una de esas personas adelantadas a su tiempo que se adaptó como pudo a su sociedad. Es decir, mal. Por ello, tras el encarcelamiento, y dos años de trabajos forzados por sus preferencias sexuales, falleció roto por dentro, según apuntan diversas biografías.

De Profundis y otros escritos de la cárcel es un libro que escribió mientras estuvo encerrado. Me recomendaron especialmente la lectura de ‘la carta al antiguo soldado de la Guardia Real Montada’. Un poema que puede que hable de affairs ‘prohibidos’ en 1885. En todo caso, unas palabras que me han inspirado desde la tristeza, la decadencia y la autodestrucción a escribir una pequeña reflexión artística sobre la realidad actual de la sodomía.

Philippe Ariño y cómo ser un homosexual no practicante

Voy a hacer algo ‘poco periodístico’: escribir sin haberme documentado lo suficiente. No estoy acostumbrado a ejercer la profesión de este modo pero no me queda otro remedio. He intentado asistir a la conferencia ‘homofobo-católica-gay’ del señor Philippe Ariño en la iglesia de Santa Anna de Barcelona este pasado domingo 12 de febrero pero al llegar a la dirección, justo al lado del HardRock Café de plaza Cataluña, me he encontrado con un amplio cordón policial de los Mossos d’Esquadra que no han permitido el acceso ni a la calle ni a la conferencia de ningún ‘homosexual’ por orden de la Delegación Diocesana Pastoral de Juventud y Arzobispado de Barcelona.

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Activistas LGTBI en la calle Rivadenyera (Bcn)

Todo este lío empezó hace unos días cuando los medios de comunicación se hicieron eco de ‘la charla’ de Philippe y de su contenido homófobo. El señor Ariño, en una entrevista a lainformación.com, soltó una perla tras otra que levantó ampollas hasta en las pieles más curtidas. Destaco mi top three: ‘A un homosexual le recomendaría¡que siga escuchando a Marta Sánchez!’, ‘el deseo homosexual es un miedo a la sexualidad’ ymuchas personas gays han sido violadas por sus parejas y no lo cuentan para no ser tachados de homófobos’.

Por lo que he podido leer, y repito: sin haber podido asistir a la conferencia ni entrar en un turno de preguntas con el ex activista, ex homosexual practicante, actualmente católico militante y homosexual abstemio, entiendo que ha sufrido una adolescencia traumática causada por un bullying confeso y puede que una violación que, aunque no está reconocida por él mismo, se puede interpretar con sus escandalosas y polémicas declaraciones: “Las violaciones entre homosexuales son una realidad. Muchos callan porque se sienten cómplices de ese sufrimiento. Otros no han sido violados pero están cegados por la ternura del acto homosexual. Temen denunciar su violación por temor a que la gente crea que se está dando una imagen negativa de la homosexualidad. Tienen miedo a ser tachados de homófobos”.

 

¿El ‘Lobby Gay’?

Para cualquier ‘homosexual’ que esté leyendo esto, lo primero que se le pasará por la cabeza es una palabra compuesta malsonante y lo segundo es la indignación. Pero no nos dejemos llevar por el enfado, lo alarmante de todo este asunto son las tendenciosas y retrógradas asociaciones de ideas que el señor Ariño otorga al concepto homosexual como son frágiles, débiles, afeminados, viciosos y ‘pecadores’. Así como la creación de concepto negativo ‘lobby gay’ que ha repetido en varios medios, dando a entender que las asociaciones LGTBI no respetan la libertad de expresión cuando esta les afecta a ellos.

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Pancartas de rechazo a Ariño.

Para evitar confusiones y no tergiversar los términos. En primer lugar, aclarar que en Cataluña disponemos de la Ley 11/2014 contra la homofobia la cual pena cualquier acto que pueda inducir a la discriminación del colectivo. Como dijo Jean Paul Sartre ‘Mi libertad termina donde empieza la de los demás’. El colectivo LGTBI no es un lobby dictatorial, es un colectivo movilizado por una estigmatización social histórica, porque hace 47 años en España existía una Ley conocida como ‘Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social’ a partir de la cual ser homosexual significaba ser penado, perseguido y castigado. Y por cierto, la iglesia tiene mucho qué decir o mucho qué callar al respecto. Lástima, reitero por tercera vez, no haber podido acceder a la conferencia, expresarme en un turno de dudas y preguntas, y haber recibido una respuesta directa a mi teoría que, como todo, está abierta a ensayo y error.

Conclusión. En las calles de Barcelona se ha podido ver una manifestación que englobaba distintas asociaciones de un colectivo cabreado que pacíficamente ha pedido el rechazo de la homofobia en un país donde la Ley ampara dicha petición. Y donde a lo largo de esta semana el Observatori Contra L’Homofòbia (OCH) se personará en el expediente abierto por la Generalitat para estudiar un posible sanción por el contenido de la misma. Y finalmente, para rematar, lanzar una pregunta al Arzobispado de Barcelona que se ha rumoreado en redes sociales y algunos medios: ¿es cierto que en menos de un mes el tienen pensado organizar otra ‘charla’ para cuestionar la transexualidad?

El Bullying mata

      Hoy vuelve a ser noticia el acoso escolar por orientación sexual e identidad de género. Casi un año después, empiezo un artículo de opinión con las mismas y tristes palabras. Hace apenas unos días el Observatori Contra la Homofobia (OCH) denunciaba que el bullying ya es la tercera agresión más denunciada en las aulas catalanas.

     “Papá, mamá… espero que algún día podáis odiarme un poquito menos. Yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir”. Estas fueron las últimas palabras que escribió Diego, un menor de 11 años, antes de tirarse por un balcón en su casa en Leganés y poner fin a su vida.

     Pero no hace falta irse tan lejos para vivir una tragedia de este tipo. Hace exactamente un año, a poco más de una hora en coche de Tarragona, concretamente en Rubí, un menor transexual de 17 años se quitaba la vida por transfobia. Se llamaba Alan, contaba con todo el apoyo de su familia, amigos y la asociación Chrysalis. Logró incluso que un magistrado autorizara su cambio de nombre en el DNI pero no fue suficiente para sobrellevar el acoso al que se veía sometido. ‘Asesinato social’, así catalogó su madre los hechos.

     Y la vergüenza, la frustración y la indignación continúan: “Hola. Os voy a explicar lo que me molesta y me enfada: que me hagáis burla, que me digáis cosas feas, que utilicéis palabras de insulto, que escribáis cosas feas de mí, y sobre todo que os riáis de mí”. Se trata de la carta de un niño catalán de 8 años hacia sus compañeros de clase, hecha pública hace unos días por el OCH.

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     ¿Qué está pasando en nuestra sociedad?, ¿qué clase de valores se están transmitiendo a los niños para que este tipo de violencia siga existiendo?, ¿cómo puede ser que la principal solución ante el bullying sea que los padres cambien de centro a sus hijos? Y lo que es aún peor, ¿cómo puede ser que aún cambiando de centro al menor, la historia se repita?

     Ya sé que es navidad y que el mensaje políticamente correcto debería ser otro pero no quiero terminar el año sin recordar que la LGTBIfobia mata, especialmente en las aulas; que debemos ‘educar’ a esta sociedad para visualizar lo que es normal: la diversidad. Y para que ningún niño de 8 años o de la edad que sea tenga que volver a escribir que “todas estas cosas me hacen sentir mal, triste, enfadado y solo. Siento que no tengo amigos y amigas y no me gusta. Yo quiero ser amigo vuestro. Me gustaría sentirme más bien”.

Jose Cuadrado

David Tello: “Existen niñas con pene y niños con vulva”

Entrevista a David Tello, responsable de la delegación Chrysallis en Cataluña y padre de Dani, un niño transexual de 9 años.


¿Cuáles son los principales problemas con los que se encuentra un padre con un hijo transexual?
Un niño transexual muestra de forma progresiva a través de diferentes signos y comportamientos la disconformidad con el sexo asignado al nacer. Y la realidad es que, por desgracia, no se conoce el término ‘transexualidad infantil’. No hay información. Como padre, observas signos y unos comportamientos que crees que no son normales. Al principio, crees incluso que es un capricho y tratas de corregirlo, hasta que ves que va a más.

¿A más?

Desde los dos o tres años, Dani siempre nos hablaba en masculino, decía “soy guapo” o “soy como tú papá”. Y a partir de los seis años decía “el médico se ha equivocado, habéis tenido un niño y no una niña”. Aprovechaba cualquier situación para reivindicar quien era. La felicidad en su cara el día que le cortamos el pelo nunca la vamos a olvidar.

Dani y su familia

¿Y vuestra felicidad?

Somos la primera generación de padres que hemos conocido la transexualidad como diversidad, que hemos alzado la voz y hemos dicho que nuestros hijos no están enfermos. Nos sentimos muy orgullosos de poder explicar que existen niños con vulva y niñas con pene.

¿Cómo se le explica esto a la sociedad?

No existe información sobre la transexualidad infantil. Lo primero que recomendamos es hablarlo dentro del ámbito familiar y después trasladarlo al entorno más cercano. Después, recomendamos escribir una carta al centro educativo explicando la situación y el protocolo a seguir; también trasladar la carta a los padres y alumnos del mismo centro.

Explícanos en qué consiste vuestro protocolo

En primer lugar debemos llamar al niño por su nombre sentido; después, en el caso de los centros educativos, solicitamos que en los listados, los cuadernos y las notas se aplique lo mismo. En el caso de los servicios, pedimos que se les deje utilizar aquellos con los que se sienten identificados y exactamente lo mismo con los vestuarios y los uniformes. Una vez nuestros hijos inician el tránsito y pasan a ser un niño o una niña más en las escuelas son felices.

¿El tránsito?
El tránsito social es el tiempo que tarda una persona trans en abrirse al mundo públicamente según su sexo sentido, que se les reconozca por el nombre con el que se sienten identificados y que se les permita vestirse y comportarse según su identidad sexual es indispensable para su bienestar y su autoestima.
¿Y ya está?

Desde Chrysallis reivindicamos que en el ámbito de la educación se forme a los profesionales de la comunidad educativa, se sensibilice al alumnado y se preste especial atención en la educación infantil para la detección de casos, por tratarse de unos de los momentos más sensibles para el menor. En materia de sanidad, pedimos que se deje de tratar la transexualidad como una patología y se permita el libre desarrollo de la personalidad. En todo caso, deben ser pediatras, sexólogos o endocrinos los que se encarguen del seguimiento de nuestros hijos. En el mismo sentido, también es muy importante la formación de profesionales del sector sanitario en general y la utilización del género correspondiente en los expedientes.

En materia legal exigimos la derogación de la Ley 3/2007 que responde a una concepción patológica de la transexualidad y que excluye a las personas menores de edad; y también pedimos la promulgación de una ley que reconozca y proteja el derecho de la identidad sexual. Y en el ámbito social, pedimos que los medios de comunicación adapten el lenguaje a una realidad diversa alejada de estereotipos que asocian la transexualidad con ambientes marginales.

¿Por qué la palabra ‘Trans’?

La palabra transexual engloba muchas realidades e identidades esconocidas que van más allá del binarismo hombre o mujer, cuando hacemos referencia a la diversidad trans nos referimos a maneras y no normativas de vivir la identidad.

 …

Por suerte se ha avanzado mucho en materia de aceptación y derechos hacia el colectivo homosexual pero con la transexualidad no ha ocurrido lo mismo. Se sigue percibiendo como una enfermedad y se sigue marginando al colectivo de la T por falta de información y por ignorancia. Por ello, en Chrysallis recogemos la palabra ‘transexual’ en homenaje al sufrimiento por el que han tenido que pasar muchos transexuales y nos hacemos llamar ‘Asociación de familias de menores transexuales’. Y también para demostrar que no se trata de ninguna enfermedad.

Disforia de género

Discrepamos del concepto disforia de género, no creemos que sea una enfermedad. Actualmente las personas trans mayores de edad que quieren obtener el DNI con su nombre sentido en el registro civil deben ser diagnosticadas de disforia de género y seguir durante dos años un tratamiento. El sistema médico es totalmente patologista y obliga a los transexuales a demostrar que están enfermos para poder reivindicar su identidad. Por ello, odiamos la palabra disforia. Nuestros hijos necesitan pediatras, sexólogos, endocrinos y no entidades psiquiátricas. Preferimos llamarlo ‘euforia de género’.

¿Euforia?

La autoestima de nuestros hijos está al 100% cuando demuestran al mundo quienes son realmente. Tratar de corregirlo u ocultarlo conlleva depresión y en algunos casos incluso suicidios. Los genitales no marcan la identidad de una persona sino el sentimiento intimo de uno mismo. El binarismo social de lo que tienen que ser un chico o una chica te impone un género determinado con el cual no tienes por qué sentirte identificado. Nuestros hijos no están enfermos, necesitan una explicación de sus padres y entender qué pasa en su cuerpo que es maravilloso y forma parte de la diversidad.

¿Pubertad o bloqueadores?

La realidad es que el mundo es hostil y debemos cambiar la mirada de la sociedad y formar más al sistema sanitario, especialmente a los endocrinos. Desde Chrysallis reivindicamos que siempre a petición del menor se apliquen los bloqueadores antes de la pubertad ya que no afectan al crecimiento y son reversibles. Repito: siempre a petición del menor.

¿Ser normal para un transexual es pasar por el quirófano?

Existen personas transexuales que aceptan su cuerpo y deciden no hormonarse ni tratarse, pero la realidad es que la sociedad obliga a muchos a entrar en un quirófano por el binarismo social equivocado del que hablábamos anteriormente. Existen niñas con pene y niños con vulva, forman parte de la diversidad. Ojalá llegue el día en el que las personas podamos vivir dignamente sin ser juzgados por los otros. La reasignación de sexo es una decisión íntima e individual que nuestros hijos tomarán cuando sean mayores de edad.
¿Qué le diría a aquellas familias o personas que puedan necesitar ayuda?

Existen diferentes colectivos y asociaciones, y todos vamos de la mano en la lucha por la diversidad sexual. Nuestro objetivo es visualizar la transexualidad y si un reportaje o entrevista donde explicamos nuestra realidad puede ayudar a una familia, ha merecido la pena. Siempre estaré agradecido a Chrysallis por la ayuda que me prestó en su momento y actualmente intento hacer lo mismo. Todos tenemos derecho a vivir dignamente y ser quienes realmente somos sin ocultar nuestra identidad.

Orgullo & Prejuicios

El tacón se le resistía. La verdad es que era difícil meter el pie de un hombre corpulento en un 42 de mujer, por muy importado de China y extra grande que fuese el zapato, pero nadie le iba a privar esa noche de ser quien él quería. Por suerte, no había sudado mucho y el maquillaje, las pestañas y las uñas postizas estaban en su sitio. El corsé y el vestido rojo de lentejuelas fueron más fáciles de poner. La peluca, como siempre, todo un ritual de delicadeza. Cogió su bolso, su cartera, su paquete de cigarrillos y se despidió de su mujer con un beso en la frente. Sus ‘amigas’, cubiertas por un halo de extravagancia, la estaban esperando en un taxi en el portal.

Mado2016

El 28 de junio el mundo entero rinde homenaje a la primera muestra simbólica de la lucha por los derechos y la igualdad de la comunidad de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales (LGTBI). Se celebra que, por primera vez, en 1969, el colectivo deja de ser pasivo ante un sistema, una sociedad y una policía que los señalaba, estigmatizaba y perseguía. Los hechos tuvieron lugar en el pub Stonewall, situado en Greenwich Village, Nueva York.

El taxi las dejó bastante lejos de la plaza, no obstante, se podía escuchar el bullicio, la música y el ambiente festivo. Todo estaba a punto de empezar. Sus atuendos, nada discretos, acaparaban todas las miradas. Iban bien ‘montadas’: rejillas, mini faldas, bodys, sujetadores, pulseras y tantos accesorios como un árbol de navidad de 2 metros podía albergar. No se sentían extrañas por ello, tal vez algo pesadas. Su look travesti, como la moda en ocasiones, carecía de sentido. Una simple cuestión de preferencias, gustos y ausencia de prejuicios. No obstante, la decisión de travestirse de forma escandalosa escondía la profunda reivindicación de hacer aquello que durante mucho tiempo había estado algo más que mal visto. Por ello, a día de hoy, su brillo debía llegar muy lejos a simple vista.

“Frente al odio y la violencia, nos queremos los unos a los otros”, dijo Barack Obama en relación a las 50 vidas que costó la masacre de Orlando. Y estas palabras, junto con el doloroso recuerdo del fantasma de la homofobia sonaron en el pregón del orgullo de las protagonistas anónimas de los 2 párrafos y del resto del mundo. Evidenciando que este año, más que nunca se deben dejar de lado los prejuicios y sentirse orgullo de ser uno mismo.

Palabras duras

En el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia todos tenemos palabras bonitas hacia un familiar, un amigo o un vecino por su orientación sexual. El 17 de mayo es el día que hemos fijado en el calendario para hacerlo porque justo en un día como hoy, hace exactamente 26 años, la Organización mundial de la Salud (OMS) consideró que la homosexualidad debía dejar de ser una enfermedad mental y por lo tanto no requería de una cura.
Lo cierto es que se ha avanzado mucho en todo el mundo y en España concretamente en la lucha contra la homofobia. En el año 1970, por ejemplo, el gobierno de Carrero Blanco sustituyó el texto de la Ley de Vagos y Maleantes por el de la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social. Es decir, se incluyeron de forma legal y penal en la lista de elementos antisociales a los homosexuales y se los castigaba por su orientación con internamientos en centros psiquiátricos o penas de cárcel que oscilaban entre los tres meses y los cinco años.

En aquella época, solo una generación atrás cuando mis padres apenas eran adolescentes, no se juzgaba a ‘los peligrosos’ por cometer delitos sino por su predisposición a cometerlos. La única diferencia de los homosexuales respecto al resto de ‘presos-maleantes’ -mendigos, rufianes sin ocio conocidos y proxenetas- era que ellos no podían reintegrarse en la sociedad, beneficiarse de indultos, amnistías, redención de penas o libertad condicional hasta haberse curado de su enfermedad.


Por suerte, hoy se puede pasear ‘libremente’ que no con completa tranquilidad. Digo esto porque en el año 2015 fueron 113 los casos de LGTBI fobia registrados en Cataluña por el Observatori Contra la Homofobia(OCH). Y por desgracia, como sucede con la violencia de género o el bullying son muchos más los casos silenciados.
El Observatori (OCH) trabaja en la erradicación de la homofobia y la discriminación en todos los escenarios donde se puedan producir. Desde la aprobación de la ley 11/2014 en el Parlment de Cataluña para garantizar los derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales, reclaman algo muy simple: la creación de un reglamento específico para poder implementar la ley y desarrollar el régimen de infracciones y sanciones. Tener una ley sin un reglamento es lo mismo que papel mojado, palabras que se las lleva el viento o como el mismo Observatori dice ‘secuestrar la ley aprobada’.

Por todo esto, y como miembro del colectivo LGTBI, quiero agradecer esas palabras de apoyo de las que hablaba al principio, pero sobre todo quiero hacer entender que las palabras bonitas no se necesitan solo un 17 de mayo, se requieren diariamente y de distinta forma según el caso. Y es más, en lugar de palabras bonitas, considero que son más necesaria palabras duras.

Por ejemplo, cuando un guardia de seguridad le rompe la documentación a un hombre por maquillarse o llevar el pelo de un color atípico, cuando unos niños en un instituto increpan a otro niño por ser amanerado o cuando un espontáneo señala o insulta a una mujer por parecer un hombre. En estos momentos se requieren las palabras duras para que en lugar de decir “enhorabuena por ser tu mismo” digamos “pobre, miserable e ignorante”. Y de este modo, en lugar de alabar lo que está bien por naturaleza, seamos capaces de tocar las conciencias y hacer entender que en la diversidad está la riqueza y que lo ‘normal’ es el respeto.

¿Sandías o Melones?

Hoy vuelve a ser noticia el acoso escolar por orientación sexual o identidad de género y al parecer lo más interesante no es el porqué sino el cómo y a quién. Es decir, cuéntame tus miserias por gustarte más la sandía que el melón.

Me resulta absurdo el debate. Considero que ante cualquier tipo de violencia la respuesta debería ser solo una: el rechazo. Pero como creo también que la denuncia pública es uno de los caminos en la lucha por la igualdad de los derechos humanos, voy a prestarme por primera vez y voluntariamente al juego de ‘las víctimas’.
Mi nombre es Jose Cuadrado, tengo 26 años y no he estado nunca con una mujer. No por falta de oportunidades, por pedante que parezca, simplemente porque el sexo femenino no activa en mí esa zona cerebral relacionada con la excitación sexual. Por este motivo, en mi infancia, adolescencia e incluso a día de hoy soy señalado, juzgado y motivo de burla.

Jose Cuadrado, periodista

Para cualquier adolescente, descubrir que su orientación no se corresponde con la socialmente impuesta heterosexualidad es muy confuso. Sobre todo, cuando el sujeto no entiende lo que siente, no cuenta con referentes y el resultado final es el estigma. Por ello, en más de una ocasión, miles de jóvenes de mi generación nos hemos repetido las palabras que la diputada Sonia Sierra pronunció al defender la moción contra el acoso escolar y la transfobia, en el Parlament de Cataluña: “¿Cuántas veces me tienen que insultar para que se considere acoso?”.

La orientación no es solo un comportamiento sexual, es también un sentimiento: una identidad. Por ello, es importante hablar sobre ‘el origen’ y destacar que no existe una teoría única y válida. La comunidad científica sigue sin una respuesta, investiga desde diferentes líneas de estudio contrapuestas basadas en factores biológicos, genéticos, psicológicos e incluso sociales. Pero de momento, sabemos que desde 1990 la homosexualidad no es una enfermedad o un problema de salud gracias a la presión de los colectivos a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sabemos también que en España desde 2005 las parejas del mismo sexo pueden contraer matrimonio, unirse legalmente -o como se le quieran llamar- y visibilizar una realidad social. Y sabemos también que desde 2014 Cataluña lidera la lucha por la erradicación de la homofobia y la transfobia.

Así que, volviendo al tema de la identidad y ‘¿por qué sandías y no melones?’, se debe concluir que la explicación puede ser tan simple como entender que a un niño le puedan gustar las patatas fritas pero odie el puré. Podemos intentar buscar una explicación científica, ciertamente resultaría interesante, pero la esencia no es tan complicada. Por lo tanto, ¿es el asunto tan grave como para señalar al niño y llevarlo al médico porque no le gusta el puré?

De acuerdo con la Sociedad Americana de Psiquiatría: “la homosexualidad no implica ni más ni menos infelicidad, enfermedad o trastornos. Es la homofobia la que causa suicidios entre los jóvenes”. Por ello, he escrito este artículo, porque #todossomosalan, #todossomosjose y #todossomospersonas.